¿Por qué construir si podemos destruir?
Andar Mag · 24 jun 2026
Resulta incomprensible despertar con la noticia de que el cerro que consideramos nuestra casa, nuestro espacio de formación y escape, amanece mutilado. Y lo más frustrante es que el golpe no vino de la erosión ni de un acto vandálico anónimo, sino de las propias manos de quienes administran el lugar.
La reciente destrucción de la pista levantada por los Pato Performance en el Parque Metropolitano no es solo la pérdida de un sendero; es un portazo en la cara a la comunidad ciclista.
Hablamos de un trazado que no era clandestino. Era un sendero oficial, validado y señalizado con su letrero correspondiente que indicaba nombre, longitud y nivel de dificultad. Un trabajo de joyería en la tierra, con curvas peraltadas diseñadas con un nivel técnico envidiable, construido a pulso, con palas, sudor y el tiempo de personas que genuinamente aman el deporte.
Sin embargo, en cuestión de horas, personal del propio Cerro San Cristóbal decidió pasar por encima de todo ese esfuerzo y borrarlo del mapa.
Ante esto, la pregunta cae de cajón y duele: ¿Por qué destruir en lugar de construir a favor del deporte?
Esta decisión de la administración expone una contradicción brutal en la gestión del Parque:
Castigo a la iniciativa: Se invierten recursos y horas-hombre en desarmar un espacio deportivo funcional y seguro, creado por la misma comunidad para fomentar la vida sana.
Ceguera ante el abandono real: Mientras se destruyen senderos oficiales, existen hectáreas y sectores del cerro que están literalmente botados a la deriva, sumidos en el abandono y tomados por personas que hacen un pésimo uso del espacio público. PÉSIMO. Basta con recorrer y darse cuenta la inseguridad que abarca algunos sectores del cerro.
Falta de visión: Para quienes usamos estos senderos como aulas abiertas para enseñar técnica y formar a las nuevas generaciones de ciclistas, esta pista era una herramienta invaluable. Destruirla es retroceder años en el desarrollo del MTB local.
Resulta agotador tener que seguir redactando cartas y levantando la voz exigiendo revitalización y seguridad para nuestras rutas, cuando las autoridades responden destruyendo lo poco que funciona bien.
El Parque Metropolitano tiene un potencial infinito para ser un paraíso del ciclismo urbano y de montaña a nivel sudamericano. Pero para lograrlo, la administración debe dejar de ver a los ciclistas y constructores de senderos como una molestia que hay que erradicar, y empezar a tratarnos como lo que somos: aliados estratégicos que le dan vida, seguridad y propósito a los rincones más olvidados del cerro.
Hoy perdimos una pista increíble. Pero la pregunta queda abierta para las autoridades del Parquemet: ¿Hasta cuándo van a seguir remando en contra de quienes quieren, cuidan y viven el cerro?
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